La libertad se abre camino

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Madrid, 17 de noviembre de 2009



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Pocos acontecimientos del siglo XX han sido tan significativos como la caída del Muro de Berlín. A lo largo de esos cien años, Europa ha conocido dos guerras atroces, y alguna más. Millones de personas han perecido fruto de la falta de entendimiento entre los europeos. Muchos han sido los deportados y desplazados en los cambios de fronteras. Tras la segunda guerra mundial, el continente estaba dividido.

Occidente contra la influencia soviética. La libertad y el Estado de Derecho contra el Estado que todo lo quiere dirigir. Y esa división tenía su punto más álgido en Berlín, donde un muro, que pasará a la historia como el “Muro de la vergüenza”, separaba las calles y las vidas de los alemanes, condenando a quienes quedaron en el lado oriental a la falta de libertad.

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Suele hablarse de la “caída del Muro”. Pero el Muro de Berlín no se cayó. No se lo llevó el viento. El Muro lo derribaron aquellos que creían en un mundo donde imperasen las libertades fundamentales de los ciudadanos. Se demostró que no eran vanos los esfuerzos de tantos ciudadanos anónimos que arriesgaron sus vidas defendiendo la libertad, o que incluso las perdieron tratando de escapar de esa gran cárcel en que había convertido el comunismo a Europa del Este. El 9 de noviembre de 1989 se constató una gran realidad: la libertad se abre camino. La concordia entre los pueblos es más fuerte que las trabas que ponen los gobernantes con delirios totalitarios.

Se cumplen 20 años de aquella mágica noche de libertad, y todavía sobrecogen las imágenes de gente emocionada al reencontrarse con sus seres queridos, tras 25 años de separación obligada por el comunismo. Con estas imágenes en la memoria, debemos reafirmar nuestra convicción de que la libertad del hombre es un preciado bien que no puede ser menoscabado por ninguna doctrina política. Los ciudadanos del Este lo saben bien.

La caída del Muro de Berlín fue el detonante del fin del comunismo en estados que hoy, afortunadamente, ya son miembros de la Unión Europea, haciendo de nuestro continente un espacio unido de libertad donde preferimos emplear el hormigón en puentes que unen, y no en muros que dividen.